sábado, 27 de octubre de 2018

Para la oposición: DIÁLOGO SIN “PACTO” NO ES DIÁLOGO


Por: Jesús Parra
Profesor universitario


"Lo único que han entendido y aprendido muy de 'pinga' es que el poder no se negocia con nadie sino consigo mismo, y que tanto en el mundo de la ficción como en el mundo real, siempre debe haber un héroe, y ese debe ser uno de ellos".
Pareciera ser un decálogo, ecuación o norma recta a seguir, la siempre empleada por la oposición venezolana, cada vez que sus aspiraciones de poder descienden un peldaño en ese gran camino, que ellos han calificado como “Democratización de la Sociedad”.
Esto solamente puede ser concebido, planificado y ejecutado por aquellos (oposición), que plegados a ese concepto de República donde se repudia todas las formas de mandos dictatoriales, aristocráticos y oligarcas, contradicen su posición al no consentir cumplirlo ya que no están dispuestos a ceder espacio alguno, para dar paso a procesos de independencia, de libertad plena, y de construcción soberana y patriótica de una nación como Venezuela.
¿Cómo pueden llamarse, entonces, aquellas prácticas ejercidas por años entre gobiernos de civiles con intersticios militares, cuando, por ejemplo, de la mano de López Contreras quien creó el Congreso y el Senado, como forma única para elegir al presidente, viene y establece más tarde una “Dupla” con Medina Angarita, cuyo capítulo de novela termina proyectándose con la disputa de ambos por la presidencia de la República? ¡Cualquier parecido con la realidad opositora no es pura casualidad!
¿No será acaso que siempre ha estado como principio base dentro de las filas de la oposición y dentro de sus políticas nucleares el hecho de las alianzas y/o pactos, derivadas y suscritas a su agenda particular como los acuerdos discutidos en los años 50, entre los miembros del triunvirato de la Junta Militar: Carlos Delgado Chalbaud, Marcos Pérez Jiménez y Luis Llovera Páez, con intención de disolver la Junta Militar y entregarle la Presidencia a un candidato de entendimiento entre los partidos políticos y las Fuerzas Armadas que sería el propio Delgado Chalbaud? (Las negrillas son mías)
En esta misma naturaleza, dónde se puede dejar el llamado bipartidismo (AD y COPEI), que según fuera catalogado por obra y gracia de los gendarmes opositores como forma de “Democracia de Partidos”, con alternancia del poder, con cumplimiento y el deber, acatando los años de ejercicio presidencial estipulados en la “moribunda” Constitución de 1961, pero bajo el concepto y la visión sesgada única de dos tipos de mandos que jugaron al ejercicio político con la prebenda del consentimiento democrático pactado entre ellos.
No solo esta práctica nociva se ha podido percibir en las altas esferas políticas sino también en medianas y pequeñas, pero no por ello menos importantes como por ejemplo, la ejercida en los Colegios de Abogados que representaron los primeros escenarios en esa escala donde las fracciones partidistas de AD o Copei, decidieron el día y las respectivas cuotas de pagos que los (as) compañeros (as) agremiados debían cancelar para poder optar a las elecciones de la Junta Directiva de tal recinto. Esto es solo por mencionar una minúscula muestra de cómo dichas prácticas se fueron esparciendo por los distintos ámbitos y contextos venezolanos.
En tiempos actuales, la oposición mantiene su ecuación inalterable, a pesar de los años transcurridos y de los fracasos obtenidos como si se tratase de amores que se llevan en el pecho como si fuera un Madrigal, cuando en realidad lo que llevan es una herida mortal y representa un gran peso histórico, moral y político para la humanidad en general, y para Venezuela en particular. Lo único que han entendido y aprendido muy de “pinga” es que el poder no se negocia con nadie sino consigo mismo, y que tanto en el mundo de la ficción como en el mundo real, siempre debe haber un héroe, y ese debe ser uno de ellos.
Mientras tanto, los que todavía se cobijan en la MUD como aquellos que decidieron ser opositores radicales independientes con voz y canto propio, van a seguir presionando a través de instancias internacionales para que el gobierno de Nicolás Maduro entre obligado a un proceso de negociación (su fórmula eterna e histórica) para una transición democrática, donde el país, según su percepción, pueda volver a someterse a un sistema democrático confiable y expresar su opinión. Es decir, la oposición venezolana sigue negando los espacios democráticos, participativos y protagónicos construidos, la transparencia y libre ejercicio del sufragio, la socialización de las políticas de Estado, entre otros, y prefieren continuar su lastre histórico de negociaciones pactadas, de diálogos condicionados, sin terminar de entender que los venezolanos somos los únicos capaces de decidir nuestro propio destino.

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