miércoles, 3 de octubre de 2018

LAS PULGAS: HEMICICLO DEL DELITO


Por: Jesús Parra
Profesor universitario

El mercado Las Pulgas, cultural e históricamente conocido como mercado “Los Buchones”, era un espacio adonde arribaban embarcaciones que provenían de distintas localidades, y como dice la gaita: “Las Piraguas ya llegaron desde el Distrito Colón, trayendo hasta el malecón mercancías que encargaron”, llegó a representar el principal mercado del casco central de Maracaibo.
No solo significó un lugar donde se podía comprar, sino que también llegó a simbolizar un sitio de encuentro, concurrido por gentes de diversos estratos sociales y turistas que en una sana convivencia aportaban al espacio vestigios socioculturales, que sumados a los cantos pregoneros y al bullicio citadino completaban su fisonomía. Llegó a representar una muestra de concepción de progreso bajo la orientación del modernismo y la visión de mercado que recién se había empezado a entretejer.
Con el pasar de los años la actividad comercial fue ampliando su radio de acción, extendiéndose a los espacios circunvecinos, convirtiéndose así en referencia de identidad zuliana, símbolo popular y de esparcimiento turístico. Un mercado delimitado en función de los productos ofertados, en el cual podía respirase un aire social muy cercano, nuestro, cotidiano, y donde se daban respuestas según fuera el caso a las apetencias personales.
Ahora bien, con la irrupción del petróleo y sus implicaciones fueron poco a poco emergiendo venezolanos (específicamente maracaiberos) más irreverentes, maleducados, más despreocupados por el aseo en las calles, más mundanos, consumistas, menos apegados a las costumbres, menos localistas; que junto con al crecimiento desproporcionado de la ciudad, fue dando pie a una especie de metamorfosis, pero mucho más extravagante (según impresión simplista) que la planteada por Kafka en su obra.
Es así como el mercado Las Pulgas se convirtió en una masa amorfa, sin ningún tipo de delimitaciones, confusa, difusa, donde no se puede apreciar, ni mucho menos comprobar quién es quién, y a qué se dedica en términos reales. Lo que la hace parecer una extraña figura monstruosa que con sus tentáculos abrazan, abarcan y se apropian de lo que siempre fue popular, cotidiano, sano, y público; incumpliendo además con las ordenanzas municipales en lo que a libre tránsito vehicular y peatonal se refiere.
Pero esto es solo una parte del problema en cuestión. Lo otro, lo verdaderamente grave del asunto son las prácticas de comercio ilícito que se vino operando en este recinto, enmascarado bajo la figura de mercado popular.
Prácticas incursas en delitos amparados en argumentos ilegales y suscritas a discursos que avalan y posicionan la especulación, como también auspiciadas por leyes, normas, reglas que emanan del propio seno delictivo, cual si fuera un parlamento, conformado por “buchones” (con perdón y respeto al ave), que bajo figura semejante, se presentan diestros y doctos en mercados, comercios y economía, con propiedad suprema (las que le otorgan las mafias), para fijar posiciones sobre los precios de alimentos que debían prevalecer, y como si fuera poco, con plena potestad y celeridad para asumir cuál era la moneda que debía circular públicamente, y la que era permitida con aprobación mayoritaria de los dueños del mercado (me refiero a los buchones), para hacer las transacciones comerciales respectivas; lo que la convertía a su vez, en punto de mal referencia en los diversos contextos de carácter público y privado.
Entiéndase bien, los “Buchones” o dueños del mercado, que a lo sumo, significa lo mismo, pretendían llenarse el buche con las ganancias desproporcionadas, sin orden, sin ley, sin Santa María, derivadas del contrabando, la usura, las inversiones bursátiles de una bolsa de valores que sólo responde a los intereses de quienes desean seguir el juego a la guerra económica, con operaciones fraudulentas de Casas de Cambios ambulantes (me refiero a los que venden moneda extranjera), que situados en espacios estratégicos del mercado, completaban la más grande obra del delito.
 
Por lo que a estos actores encubiertos les será muy difícil aceptar las acciones que viene ejerciendo el gobierno regional y municipal, catalogadas por medios opinativos, como hechos que vulneran los derechos humanos, y que, según estiman crearán mayor pobreza y desidia; lo cual es totalmente falso y contradictorio.
Es necesario poner orden, con acciones amparadas en la ley, erradicando ese libre ejercicio del delito; ya que ha llegado la hora del emerger de un pueblo, que no está dispuesto a permitir que le roben su economía, su estabilidad social, su política, sus calles, aceras, su patrimonio cultural, y su mercado.













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